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Separación con Niños Pequeños


Aún recuerdo cuando mis padres se separaron, tenía tres años recién cumplidos y evoco como si fuera ayer que cada vez que iba a ver a mi papá sentía pena de dejar a mi mamá, ella estaba triste y dejarla se sentía como una traición, y era mi culpa. Tenía tres años, no era culpable de nada, pero así lo viví y así lo sentí mucho tiempo. Sé que tanto mi papá como mi mamá intentaron hacer lo mejor por mi y mis hermanos, desde el amor y sin experiencia, desde el amor y sus propios dolores.

La separación de una pareja, la ruptura de un proyecto y una ilusión es casi siempre un proceso doloroso; y cuando además hay hijos de por medio, una separación se vueve aún más desafiante. Ya no sólo debo lidiar con mi pena, mi rabia, mi miedo y un sinfín de emociones, sino que también tengo que ser capaz de contener y acompañar a mis hijos, pues para ellos y ellas es también un duelo: alguien se va y todo se tranforma.

Frente a una separación no existen recetas que eviten la pena en niños y niñas, es una situación dificil que provocará emociones dolorosas y situaciones complejas, sin embargo, como adultos podemos hacer ciertas cosas que permitan procesar más sanamente este duelo, de manera que luego de la tormenta salga el sol. Con esto quiero decir que no podremos hacer que la separación pase desapercibida para nuestros hijos, pero si podemos generar ambientes nutritivos, cariñosos y seguros que hagan que los dolores sean menos intensos y sin consecuencias que dejen huellas.

Es fundamental asumir, por parte de los adultos, que los niños si se dan cuenta de lo que pasa a su alrededor, especialmente si ocurre en su propio hogar. No siempre lo podán comprender cognitivamente, con conceptos claros, pero si sienten que lo sucede, son muy sensibles al clima emocional, al lenguaje corporal y a las ausencias. Con esto apunto a que siempre es necesario informarles, ajustando las palabras que usamos en función de su edad, pero es basal explicarles dado que frente a los vacíos de información los niños tienden a completar desde la fantasía generando angustias y temores.

El momento perfecto para informar no existe, recordemos que no va a dejar de doler, pero si es importante considerar que la pareja esté segura de la separación, que sea un momento de calma, en un lugar seguro que el niño sienta cómo seguro y conocido. En la medida de lo posible, intentar que estén los dos adultos y evitar fechas significativas como navidad, año nuevo y cumpleaños, puesto que muchas veces asociaran por mucho tiempo el momento de esa triste noticia con un día de supuesta celebración. Es necesario reforzarles que el amor de padres no se rompe ni se acaba, solo es una separación de adultos. Esto hay que señalarlo con mucha seguridad y demostralo con los actos.

Además de contarles sobre la separación, en el momento de informar es muy probable que aparezcan preguntas sobre el futuro: ¿dónde viviremos?, ¿con quien voy a vivir?, ¿quién me acompañará al colegio?, ¿estaré con los dos para mi cumpleaños? Es necesario que los adultos tengan claridad previa de esas respuestas, mostrando seguridad y coherencia entre ambos. La inconsistencia, o la posibilidad de surja una discusión en ese contexto no aporta a generar seguridad en un momento de gran cambio.

La separación puede provocar pena, miedo, angustia y culpa en los niños. Estas emociones pueden aparecer en distintos momentos del proceso del duelo y con distintas intensidades en función de cómo es cada niño; lo relevante a considerar es siempre que los adultos las validen y acojan generando ambientes que permitan la expresión emocional con seguridad. No hay que evitar, no hay que negar, sino contener y escuchar. Escuchar las palabras, pero también su lenguaje corporal y las conductas.

Es normal que aparezcan miedos, cambios conductuales, necesidad de más compañía, hay niños que se volverán más irritables, o tendrán pesadillas. Esto es esperable, sin embargo cuando estas señales se hacen permanentes, hay menos capacidad de disfrutar, los niños dejan de jugar o hay regresiones en su desarrollo, es el momento de pedir ayuda. Todo duelo es complejo, y aveces necesitamos a una mano para vivirlo sanamente, superar la crisis y ver el sol.