Artículos


Adicciones… ¿todo bajo control?


Las adicciones son un tema difícil de abordar, muchas veces indeseable y situado en el colectivo dentro de aquellas cosas que preferimos no hablar. Paradojalmente, convivimos y somos parte de una cultura que ha incorporado y validado en su diario vivir el uso de sustancias como el alcohol y el tabaco, encontrándose ambas altamente disponibles, e incluso gozando en ciertos contextos de un estatus o significación social positiva (con fines recreacionales y de socialización), cuestión que no ha variado en el tiempo, y que tampoco tiene sentido juzgar, pues cuando definimos una adicción o un consumo problemático, hablamos de conductas humanas disfuncionales, y no de tal o cual sustancia de manera aislada y rígida.

¿Cómo puedo distinguir entre un consumo o uso no problemático de uno que sí representa un problema?, ¿Por qué existen personas que desarrollan adicciones y otras que no?.

Normalmente, para definir un consumo problemático se utiliza como criterio el cuánto afecta o interfiere negativamente dicho consumo en las actividades diarias de la persona, ya sea a nivel individual, familiar, académico, laboral o en cualquier área de desempeño humano. Por otro lado, existen igualmente criterios técnicos objetivos para definir la presencia o no de un consumo problemático, entre los que encontramos el tipo de sustancia, frecuencia de consumo, cantidad y sentido del consumo, referido esto último al valor específico y/o significado que el sujeto le otorga a este; por ejemplo, si una persona dice “me fumo un cigarro y tomo un café para empezar bien el día”, podemos estimar que esa persona significa el consumo de manera positiva, y aún cuando pudiese existir una dependencia física a dicha sustancia, lo que el sujeto revela en este caso es el “valor funcional de su consumo”, pues le atribuye la propiedad de favorecer el “empezar bien el día”, sin ser vivido aquello de manera problemática por la persona ni por su entorno inmediato. Probablemente sería distinto si esta persona necesitara muchos cigarros para empezar bien el día, por el tiempo que aquello involucra, por la imagen social de dicha conducta y sin duda, también por las repercusiones negativas que tendría en su salud.

Efectivamente, por predisposiciones genéticas, herencia, disponibilidad o, en general, por una trayectoria vital que me permita validar o naturalizar el consumo de determinada(s) sustancia(s), la posibilidad de incurrir en un consumo problemático o de padecer una adicción aumenta. El estilo de vida es muy importante a este nivel y en ese sentido cada persona a través del tiempo puede evaluar responsablemente qué tan protagónico y/o relevante resulta el consumo en su vida, hasta qué punto este afecta o no en su diario vivir, o en el de las demás personas que le rodean. En general, reconocer consecuencias de la conducta de consumo; si esto no ocurre, es también altamente probable que un cercano (familiar, amigo, etc.) sí haga esta evaluación y nos lo diga, ante lo que no es recomendable hacer oídos sordos.

Sin duda, variables emocionales, experiencias de sufrimiento agudas o diversas situaciones que pueden impactar fuertemente en las vidas de las personas, pueden ser facilitadores de hallar salida en la conducta de consumo, adquiriendo este un valor funcional en primera instancia, como ocurre con muchos psicofármacos, además del alcohol y otras drogas, no obstante, convertir aquello en un patrón o hábito, puede ser el primer paso para iniciar una adicción.

El principal recurso de un ser humano para resolver este tipo de situaciones, u otras que revistan sufrimiento, es contar con un propósito, mantener metas y una motivación real por lograrlas, pues ello constituye en sí mismo un sentido para nuestras vidas.